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dialéctica
No te busques en mí, mírate antes.
No hallarás un espejo sin el tuyo.
Pues será tu mirada, aún capullo
Como la ostra aún para el diamante.
Mírate el perfil, mírate de frente
Cuales Este y Oeste, Sur y Norte.
Aunque tus ojos ya no lo soporten
Evita pestañear…mírate siempre.
Que todo tu rostro se revele a esa
Efímera oscuridad, visión herida,
Que nace cuando el párpado nos pesa,
Vedándonos instantes de la vida.
Peor la noche y su cómplice genuino
Que surca nuestros días como el vidrio;
El Sueño, vuelve; es ese su destino.
Cual Triste Prometeo a su martirio.
Si pudieras revertir este principio
Reduciéndolo tan sólo al Sueño Eterno
Restarías a tu vida tantos ripios
Que estorban como Seres del Infierno.
Sospecho que en el lapso de los sueños,
Así como del breve pestañeo
Se manifiesta el Dios del que no creo
Cuando de mi conciencia aún soy el dueño.
Así le habló aquel Río a su Estudiante:
“En tu reflejo no verás al mismo.
Heráclito, soy sólo tu espejismo,
No te busques en mí, mírate antes”
Más como Adán, burlando la Advertencia
El Aprendiz permaneció impasible
A aquella voz de género imposible.
No obstante reanudó en esta sentencia:
“No peco de ignorante ni atrevido
Al detenerme junto a tus riberas
Y divisar mi rostro cual si fuera
El otro ser que hoy pude haber sido.
Si bien mi faz, (merced de tus hazañas)
Flamea cual corola a la deriva
No es esa imagen vana y tan nociva
Plausible de la gloria que me baña.
Detengo mi atención en el abismo
Que nunca se detiene. Y me macero
En un segundo río y un tercero,
Juzgándolos a todos como el mismo”.
Celebro tu dialéctica y confieso:
“Desde hoy tu nombre está ligado al mío.
Heráclito es sinónimo de Río”…
(Todo esto aconteció allá en Efeso
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